Luminae

Notícias

ARTÍCULOS Y NOTICIAS

Noticias

De la Agencia Ambiente Energía – La expansión sostenible de la producción de etanol exige evaluaciones precisas sobre los cambios en el uso del suelo en áreas que pasan a ser ocupadas por culturas volcadas hacia la generación de bioenergía. Ya se sabe, por ejemplo, que cuando la caña-de-azúcar substituye culturas agrícolas anuales como la soja, el impacto en la  emisión de Gases de Efecto Estufa (GEE) oriunda de la alteración de la vegetación es relativamente neutra. Pero cuando la caña ocupa áreas de culturas perennes, como café y naranjas, las emisiones crecen. En el  caso de florestas nativas el aumento es aún mayor. Ya lo plantío de cana en áreas de pastos degradados, al contrario, resulta en balance favorable de emisiones de GEE. Sin embargo,  muchas incertezas todavía rondan las investigaciones sobre ese tema. Estas cuestiones, así como los avances científicos relacionados, se abordaron en el Workshop on Quantifying and Managing Land Use Effects of Bioenergy, promovido por el  Laboratorio Nacional de Ciencia e Tecnología de Bioetanol (CTBE), en Campinas, entre los días 19 y 23 de setiembre.

Uno de los aspectos más polémicos, según los participantes del evento, son los cambios indirectos en el  uso de la tierra (ILUC, su sigla en inglés) que ocurren  cuando una cultura agrícola volcada hacia la producción de bioenergía substituye, por ejemplo, áreas de pasto. Como la demanda por carne continuará a existir, la tendencia es que haya un desplazamiento de la  creación  de bovinos para otra región o País, generando una cadena de efectos que podrá resultar en deforestación de florestas nativas y emisiones de GEE en otras áreas. Estudios sobre ese complejo fenómeno económico y ambiental ganaron destaque en la  agenda internacional cuando agencias gubernamentales de los EUA y de la Unión Europea incluyeron  modelos matemáticos en evaluaciones sobre la sostenibilidad de los biocombustibles.

Helena Chum, brasileña que actualmente trabaja en el National Renewable Energy Laboratory (NREL), asociado del CTBE, explicó que los modelos iniciales utilizados por las agencias internacionales carecían de mayor sofisticación para reproducir la realidad de forma adecuada. “En el  caso Brasil, el territorio se modeló como teniendo apenas florestas nativas y tierras arables. No se incluyó un análisis de la gran cantidad de pastos degradas existentes, lo que generó el resultado absurdo de cerca de 0,8 hectáreas de deforestación en Amazônia para cada hectárea usada para producir etanol de caña”, contó Chum.

Para los investigadores presentes en el Workshop del CTBE, los modelos matemáticos actuales están más robustos, pero aún necesitan perfeccionarse para mensurar adecuadamente la complejidad de los cambios indirectos en el uso de la tierra. “El modelo ideal tendría que contemplar la distribución del uso de la tierra en todo el mundo en un período de, por lo menos, cinco años. Tendría también que considerar el manejo del suelo  en cada región, la rotación de cultura, el plantío y la cosecha, etc.”, explica Chum.

El Brasil posee un modelo propio para mensurar los cambios en el uso de la tierra para bioenergía, el Brazilian Land Use Model (BLUM), desarrollado por el  Instituto de Estudios del Comercio y Negociaciones Internacionales (ICONE) y que está siendo perfeccionado con el apoyo del CTBE. “Colocaremos un profesional en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) para contribuir con la aceleración del proceso de adquisición  e interpretación de imágenes de satélite sobre cambio en el  uso de la tierra”, dijo el  director de sostenibilidad del CTBE, Arnaldo Walter.

Nuevas frentes de estudio – El Workshop promovido por el  CTBE también sedeó reuniones periódicas de tres grupos de estudios de la IEA (International Energy Agency) Bioenergy. Se concluyó que la bioenergía es apenas una entre los innumerables factores sociales y económicos que causan los cambios en el uso de la tierra y que análisis eficientes deberían comprender tales alteraciones como eventos localizados regionalmente, dentro de condiciones socioeconómicas específicas.

El debate sobre los cambios en el  uso del suelo para la bioenergía también posee otras vertientes a ser exploradas: un modelo matemático presentado  por Klaus Peter Zulka, de la Environment Agency Austria, mostró que tierras arables, convertidas para la producción de biocombustible en Austria, tiene su riqueza de especies reducida de 3% a 14%, dependiendo del grupo de organismos analizados.

Ya otra investigación de la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y Alimentación (FAO, su sigla en inglés), presentada por Holger Matthey, mostró que la presión por tierra para la producción de alimentos continuará creciendo en la próxima década, principalmente debido al aumento de la población mundial y del  crecimiento  económico de países populosos como Brasil, China, India y Rusia, los BRICS. En el caso de los biocombustibles, FAO presupone que el etanol de caña-de-azúcar es el  que más va a  ser expandido la próxima década, ya que la producción de etanol de maíz norte-americana, por cuenta de un mandato del país, no excederá 15 mil millones de galones por año hasta 2022.

Fuente: Ambiente y Energía

Registre su correo electrónico y mantenerse informado sobre nuestras actividades.